01 diciembre 2011

Manteniendo las apariencias.


Darío y Pilar, siete años de matrimonio y padres de tres hijos. Colegios exclusivos bilingües y privadísimos, clases extraescolares de paddel, tenis… y veranos en Reino Unido, Canadá o Estados Unidos para perfeccionar el idioma.
Posición acomodada. Ático en propiedad en la milla de oro de Madrid; casa de campo en la sierra norte y chalet con parcela individual en la costa. 

Ingresos elevados. Servicio en casa y niñera para los niños.
Darío, empresario e inversor. Le encanta jugar en Bolsa y no le ha ido nada mal.
Pilar, que prefiere que le llamen Cuqui, dedicada a sus cosas y a algún mercadillo solidario. Varios retoques estéticos en pechos y abdomen; botox semestral; colágeno en labios...


Se reúne los jueves por la tarde con Fina, Piti, Pituca, Moni y Cuca a tomar el té. Los miércoles salen de shopping y vuelan las tarjetas de una tienda a otra. 


¡Esto es vivir!
De la noche a la mañana… Demasiadas inversiones arriesgadas. Pérdidas millonarias en la Bolsa. Impagos de clientes y, en consecuencia, lo propio a proveedores... Denuncias. Concursos de acreedores.
Venta de la casa de la sierra y malventa del chalet de la playa. Empeño y venta de joyas. Hace falta liquidez.
Despidos de empleados. Más despidos. Amenazas… Deudas y más deudas. La ruina.
Cuando el dinero deja de entrar por la puerta, el amor… huye despavorido por cualquier ventana. Discusiones. Reproches. Insultos. Ruptura.

Situación difícil que no puede trascender, bajo ningún concepto, a su grupo de amigas.

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Cada noche, Pilar enfunda su cuerpo en cuero y se aleja de su casa. Toma un taxi.
Vuelve al amanecer con el bolso lleno de billetes... con los que mantener las apariencias.


26 noviembre 2011

Un regalo para compartir en la voz de Beatriz.


Hace un par de días me hicieron un grandísimo regalo. Se trata de uno de mis relatos al que un ángel, un duende o una hada, que sobrevuela la bloggosfera, le ha puesto voz.
Es tan emocionante escuchar tus letras en la voz de otra persona y que, además, lo hace tan bien que… tenía que compartirlo. Deseo que os guste casi tanto como a mi... Así que ahí va:



Recuérda... me

“… Espero que recuerdes, aunque sea un minuto, lo que fuiste… lo que fuimos y me dediques un gesto, aunque mudo, para entender que continúas conmigo. Lo sabré entender y me ayudará a seguir adelante…”

Así terminaba la carta que Laly le había escrito a su amado Francisco.

La depositó en la bandeja, dónde le había preparado el desayuno.  Al lado, un sello comprado el día de antes en una antigua Filatelia, no en vano,  Francisco había sido buen aficionado al bello arte de coleccionarlos.
Allí esperó sentada en su butaca a que él, su primer gran amor, iniciara el protocolo de todos los días con las tostadas y el café. Sin palabras… Con la mirada perdida en la taza o en la cucharilla… En su mundo de ausencia…

Una gota de café salpicó el sello y una exclamación, apenas perceptible, hizo que Laly le escudriñara con esperanza. Francisco tomó el sello y se lo llevó al jersey para limpiarlo; lo miró; lo volvió a limpiar y se lo llevó a la cara para notar la caricia en su mejilla… Cogió la carta con ambas manos y, por primera vez en mucho tiempo, pareció que leía. Los ojos bajos siguiendo cada línea… de izquierda a derecha… de derecha a izquierda.

Paró. Se llevó la carta a los labios y, con los ojos cerrados, la besó. Levantó la mirada, como un niño asustado, buscando los ojos de la mujer. Ojos nublados,  inundados de líquido. Parpadeó y las lágrimas comenzaron a fluir…

Cruce de miradas que reflejaban el inmenso amor que se sentían.

Tendió su mano hacia ella y le dijo: “Te recuerdo y te amo, ¡te amo tanto!… que me duele  tenerte apenas por un instante…”. Un profundo beso selló el reencuentro de los enamorados.

Segundos de delicada lucidez en meses de silencio.  La enfermedad de Francisco les acababa de conceder un breve tiempo de ternura… suficiente para seguir adelante. 



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Otra vez, gracias, Beatriz  Salas 

http://beatrizsalas10.blogspot.com/ 

22 noviembre 2011

El nombre más hermoso para ti.


Anochece. 
Un dolor seco y punzante en el abdomen le obliga a abrazarse la tripa, con ambas manos.
Hace demasiado frío. La joven toma aire profundamente, confiando en que se trate solo de una molestia pasajera. Está embarazada pero, aún, no es tiempo.
El aire huele a frío, a humedad y a muerte. Se acurruca en su raída manta que apenas le aporta calor y, aterida hasta los huesos, cierra los ojos intentando no pensar ni en el frío ni en el hambre.
Si estuviera allí su querida abuela, le contaría algún cuento para distraer el apetito, igual que le hacía cuando era niña en su aldea. Intenta recordar una de esas historias y abandonarse al sueño...
Un nuevo dolor, esta vez más fuerte, le hace emitir un gemido sordo. Nota la tripa endurecerse por unos segundos.  Toma aire, de nuevo. 

Comienza a estar asustada, es una mamá primeriza y está sola. Busca con los ojos una mirada amiga, algún gesto cómplice, que no consigue encontrar. La gente duerme; así no notan el hambre. Cuerpo contra cuerpo, buscando un poco de calor.
Una ráfaga de viento ha movido la manta que la mal cubre y  ha convocado  a un sinfín de gotas de agua fina que le han empapado la cara.
Un tercer puyazo de dolor, seguido de algo caliente y gelatinoso deslizándose entre las piernas, le hace gritar. 
Comienza a llover.
El hombre que duerme a su lado, abrazado a un niño de corta edad,  percibe la situación de la joven y se aleja en busca de ayuda para la parturienta. En pocos minutos vuelve con dos mujeres. 

No es el mejor momento ni el mejor lugar para venir al mundo pero ahora, al menos, no está sola…Respira aliviada intentando imaginar que esos rostros femeninos, que le miran con compasión, le son familiares.

Nuevas contracciones y una sucesión de gritos desgarrados que congelan, aún más si cabe, el aire. Una de las mujeres intuye que algo no va bien y pregunta a la joven si conocía la proximidad del parto… La joven niega con la cabeza y aprieta con todas sus fuerzas... ¡Empuja!.
Ha cesado la lluvia y arriba en lo más alto del horizonte, la luna llena ha desterrado a las nubes y ahora ilumina el rostro de la joven parturienta, descubriendo ante todos que no es más que una niña.
¡Empuja!... Un último esfuerzo,  casi desfallecida, acaba de traer al mundo a su bebé… 

Es una niña -le dice una de las mujeres, mientras se retira toscamente una lágrima de la cara-. Se la colocan encima del pecho, dentro de la ropa húmeda y la manta... Ambas mujeres toman las manos de la niña-mamá y se las llevan a sus bocas, intentando insuflarles el calor que le falta. 

Este último viaje no lo vas a hacer sola.
¡Ánimo, niña! que ya se distinguen las luces de la costa -parece decir alguien-…  
Ya se ve la costa -comenta el resto del pasaje con gran algarabía-.¡¡Arrecife!!... Lo conseguímos... ¡¡Arrecife!!...
...¿Arrecife?... el nombre más hermoso para ti, mi-ni-ña…

18 noviembre 2011

Y tú, ¿cómo las tienes?...

Hoy va de orejas...

Las orejas son el símbolo de la mente y el contacto con el mundo espiritual.


- Grandes
Representan el equilibrio mental, la armonía entre la palabra y la acción. Son indicio de longevidad e indican entereza ante las eventualidades de la vida.

 No conozco mucho a Charles aunque, si sigue la tradición de sus padres, longevo será y mucho.

Courtney Cox

"Peazo orejas"



- Pequeñas
Se trata de personas reflexivas. Piensan mucho, suelen ser indecisas y poco prácticas.

 Éste no sé si las tiene o no pequeñas pero está bueno...

- Más largas que anchas: Practicidad al extremo.

- Más ancha que largas: Intuición permanente.

- Triangulares: Personalidad ingeniosa.

- Lóbulos grandes: Resuelta y muy independiente.

- Lóbulos pequeños: Persona con poco iniciativa y muy independiente. Carencia de objetivos. Sin metas.

- Lóbulos pegado a la cabeza: Seres muy originales. Planifican con creatividad e inteligencia.

Orejas separadas (las que llamamos "de soplillo"): Personas con pensamiento original.


La posición de las orejas revela la velocidad con la que una persona toma decisiones. Las orejas altas indican una velocidad superior a la media para procesar información, y por lo tanto, capacidad para decidir rápidamente; por el contrario, las personas con orejas bajas necesitan más información y más tiempo para decidir.


 Más cosas...


Orejas carnosas: 
la sensualidad.

¡¡¡¡Discrepo, totalmente!!!!



 

















Orejas finas: 
la sensibilidad, la delicadeza
 
¡¡¡Preciosa, me encanta!!!



Orejas redondeadas : 
placer por la buena música, creativo, soñador

 
Eres el rey, George... ¿bailas?...


Para los incrédulos (entre los que me encuentro):

Las raíces acerca del estudio de los rasgos faciales son antiguas. Desde Aristóteles se viene escribiendo sobre el tema y muchos desconfían acerca de la fiabilidad científica de una cuestión superada por la propia ciencia. En el Derecho Romano, por ejemplo, se establecía que, en caso de duda entre dos acusados, se condenase siempre al más feo. 

La fisiognómica alcanzó un notable éxito a finales del pasado siglo. Prima hermana de la frenología -otra variante basada en discernir características mentales del sujeto a través de las formas craneales-, llegaba a asegurar que los criminales tenían unos rasgos propios. Los experimentos más sonados al respecto fueron los realizados por los nazis.

De listos y tontos. José Antonio García Andrade, ex decano de los forenses de Madrid y profesor de Psiquiatría Forense del Instituto de Criminología de la Universidad Complutense, cree que "el espíritu no flota sobre el agua". Y se explica: "El hombre necesita un sustrato físico, la morfología se interacciona con los afectos... Claro que se puede saber la personalidad de un individuo a través de su cara, la cara del tonto es distinta de la del sabio".

García Andrade, junto con el doctor Ponce de León, está a punto de publicar un trabajo basado en la reduplicación de caras para investigar la personalidad del sujeto:

"Partimos de la teoría de que el hombre es un ser simétrico", asegura, "pero, si nos fijamos, el lado derecho es diferente del izquierdo. Nosotros creemos que el hombre tiene tres caras: la normal, la derecha duplicada y la izquierda duplicada. Según exista más armonía en el lado derecho o en el izquierdo se pueden decir muchas cosas de ese sujeto".

(datos extraídos de diversas fuentes de nuestra querida red) 

12 noviembre 2011

Nagasawa Hiroshi


El matrimonio Nagasawa, tras varios intentos malogrados por ser padres, tenía entre sus brazos al pequeño Hiroshi.
Él, un afamado médico de la ciudad de Osaka.
Ella, una enamorada de la naturaleza, de la música y de las aves.
Él, un hombre exigente, demasiado severo, serio, recto e intransigente.
Ella, todo dulzura y amor en un cuerpo demasiado frágil.
Desde bien pequeño Hiroshi había escuchado a su madre tocar el piano y siempre que podían, y a escondidas, interpretaban a dos manos. Ambos cerraban los ojos y se dejaban llevar por la música. En esos momentos soñaba que era un pájaro, que volaba libre, haciendo piruetas al compás de Vivaldi. También supo en ese momento  cual era su vocación… ¡Pobre Hiroshi! qué lejos quedaban estas fantasías, de los planes que su padre había diseñado férreamente para él.
Cuando el muchacho tuvo edad suficiente, armado de cuanto valor poseía, se presentó ante su progenitor para hacerle conocedor de sus dos grandes pasiones: la música y el estudio de las aves… Su madre, aguardaba inmóvil tras él, esperando una respuesta favorable.
            -¡Tonterías!... ¿A qué vienen esas tonterías, Hiroshi?. Esas son cosas para juglares y titiriteros… ¿Música? ¿pretendes vivir de la música?... ¿Pájaros?... (risa burlona)…
            -Pa-dre… (Fue la única palabra que pudo pronunciar Hiroshi antes de salir de la habitación). Volvió sobre sus pasos y se retiró.
La señora Nagasawa trató de interceder en favor de su hijo; también sin resultado. Sin reproches y con una voz tan dulce como firme se dirigió a su marido diciéndole:
“Algún día perderás a tu hijo. Búscalo entre las notas de un piano, las cuerdas de un violín o allí arriba, en medio de una bandada de pájaros. Solo en los lugares de sus sueños, serás capaz de encontrarle”.
Nunca más se volvió a hablar de este tema en la casa Nagasawa.
Meses después, coincidiendo con la llegada del otoño, la salud de la señora terminó por resquebrajarse… Se cuenta que un pájaro azul entró en su cuarto mientras velaban su cuerpo y entonó un hermoso trino, como despedida.
El joven Hisoshi se trasladó a Tokio para cursar sus estudios de Medicina, tal y como su padre había dispuesto para él. Estudios que concluyó especializándose en cardiología.
Había sido un alumno tan brillante que, con menos de treinta años, consiguió ser Jefe de Cirugía Cardiovascular, en el hospital más prestigioso de la capital.
El señor Nagasawa, que no cabía en sí de orgullo, organizó para tal evento una gran fiesta. Fueron invitadas innumerables personalidades de la ciudad de Osaka, así como los amigos más influyentes de su cerrado círculo. Quería mostrar, ante los ojos de todos, la fulgurante carrera de su único hijo y el prestigio profesional que había alcanzado. 
Ningún detalle fue descuidado para tan ansiado acontecimiento. Hasta el piano de la señora, cubierto desde su muerte con un enorme pañuelo de seda, estaba decorado con las flores que, a ella más le gustaban. Todo estaba dispuesto para el agasajo del triunfador. Pero Hiroshi tenía otros planes; esta vez eran los suyos, y los tenía decididos para el resto de su vida. Entre ellos no se encontraba la cardiología...

¡Pobre Señor Nagasawa, unos preparativos tan elaborados para un hombre al que parecía habérsele tragado la tierra!.
Nadie supo dar explicación de la desaparición del joven Doctor Nagasawa. Nadie recordaba haberle visto en los últimos días. Tampoco nadie sabía su paradero.
El viejo doctor se sintió solo, triste y defraudado... Ahora, ensimismado con sus pensamientos, comenzó a entender la infelicidad de su hijo y recordó las palabras de su querida esposa. Pero ¿cómo le iba a preguntar a un pájaro?... ¿cómo iba a buscarle entre las notas de una partitura? ¿cómo?...
Pasó el tiempo, ese que todo lo cura, y -en contra de lo que dicen- el dolor se hacía más fuerte cada día, para este pobre anciano. Acostumbraba a pasar largas horas observando el paisaje por la ventana y, únicamente, se sentía acompañado y sonreía cuando algún pájaro se posaba en el quicio de ésta. En esos instantes, cerraba los ojos, imaginando a su querido Hiroshi. 

Una tarde, mientras echaba una cabezadita en su sillón favorito frente a la ventana, escuchó una música maravillosa que procedía del jardín... Nessun Dorma...



Nessun Dorma... Creyó que estaba soñando. Se incorporó para observar el jardín y allí, bajo una bandada de pájaros, que parecían bailar al compás de la música, allí mismo estaba su querido hijo Hiroshi... que volvía a casa...


Fotografía de Daysse.


08 noviembre 2011

En el semáforo.


Manoli, que ya había pasado los cuarenta, comenzó a darse cuenta del transcurrir del tiempo en el momento en que los albañiles, antaño tan alborotados por la burbuja inmobiliaria, dejaron de lanzarle piropos. Que si “vaya culo”… ¡cuerpazo!... ¿Quién fuera tal o cual cosa?... ¡Vamos, que te comía yo…! ¡Vaya par de globos y yo sin fiesta!...

Como cada mañana salía arreglada, echa un pincel, taconazos y bolso a juego, y caminaba contoneándose buscando alguna miradita perdida entre los transeúntes. Estaba de pie ante el semáforo, esperando el verde, cuando notó unos ojos clavados en su escote… Uf, ¡qué calor! ¿Quién le estaba mirando así?...
Escudriñó entre los rostros de los viandantes que tenía en frente, al otro lado de la calle, y allí encontró unos maravillosos ojos verdes cuajados de pestañas… El dueño; un treintañero de cuerpo impresionante, que no le quitaba la vista de encima.
Ambos, se recorrieron el cuerpo de arriba abajo, parando y acalorando los rincones más íntimos.
Cuando el semáforo le permitió el paso, recorrió el espacio que les separaba despacio, deseando que la visión quedara impresa el mayor tiempo posible en sus retinas…
¡Guau!, estaban a menos de un metro…  un leve roce intencionado de él, entorpecido por el bolso de ella… un cruce de miradas con caidita de párpados incluida… Sensaciones muy sutiles para el común de los mortales,  pero que dejaron a Manoli con un “calentón del trece” cuando el adonis, ese dios del semáforo rojo, le insinuó un sensual beso con los labios… ¡Díos, qué flechazo!

Ambos continuaron su paso y al llegar a sus respectivas aceras, ella se volvió ansiosa buscando de nuevo la mirada de él… Buscando ¿por qué no?, una señal para un nuevo encuentro…
Allí, en la acera de enfrente, lo único que alcanzó a ver fue a una morena de escándalo que devoraba con sus labios a un tipo de increíbles ojos verdes, que respondía con vehemencia a los besos.
Manoli giró cabeza y cuerpo y, con cierta crispación, prosiguió su camino. Anda que menudo cretino. ¡Tampoco era para tanto! Un par de bonitos ojos y ¡poco más!... ¡A tomar por c***!... ¡Bah, "carnaza de gimnasio"!...Olvidado está.
A la hora de la comida, recordó ese sutil roce de su cuerpo con el del "maromo"... al echar en falta su cartera...


02 noviembre 2011

El carnicero


Saltó de la cama con cierta ansiedad y no era la primera vez. Dos días ya con la misma inquietud. Quería hacerlo bien, sin dejar huellas, cortes limpios que reflejaran su buen hacer y sabiduría. Después, limpiarlo todo… borrar el paso de los cuchillos y la sangre…
Allí estaba ella, oculta en la cámara frigorífica. 

Le pareció tan bella que no quería lacerarla en exceso pero, era tal su sed de sangre que la mente se le nublaba y le exigía más...  y más.


Verdaderamente había sido una hembra hermosa y aún ahora, inerte, enfundada en una bolsa de plástico le excitaba. La rubia de pechos enormes yacía en una mesa blanca, sin prestarle atención.
Manolo era un tipo frío y calculador, obstinado en la perfección, que se debatía entre el amor a la muerte y a la vida. Quizás por eso el día anterior fue un único corte el que hubo de asestarle… Solo una cuchillada certera en el cuello... Suficiente para robarle la vida que se le escapó a chorros como un grifo abierto.
Sin hacer ruido entró en la cámara y, antes de comenzar el ritual del descuartizamiento, la besó. Un beso con pasión, ése que solo un enamorado es capaz de ofrecer, con los ojos cerrados dejándose llevar... Disfrutando del momento y acariciando sus rincones más fríos...
Al  tiempo de las caricias y, blandiendo un cuchillo bien afilado, lo hundió en el cuerpo de la yaciente hasta la empuñadura... Y ¡la mayor explosión de sentimientos que uno pueda imaginar!...

Un ruído sordo en el cuerpo de ella y un jadeo de placer extremo en el de él...

Al otro lado de la puerta, una voz le hizo salir del éxtasis en que se había sumergido…
-          “Manolo, ¡chico!... ¿has “despiezao” ya la ternera?... ¡vamos hombre que es pá hoy y hay que abrir la carnicería!... ¿Andas dormío u qué?...


27 octubre 2011

El libro II.


Los días siguientes se convirtieron en un ir y venir de policías que no concluían de tomar huellas, ni de hacer preguntas. “¿Notó algún cambio en su comportamiento?... ¿discutieron?... ¿sabe si había dado por finalizada alguna relación sentimental?... ¿tenía pareja?... ¿es conocedora de que tuviera algún problema con alguien de su entorno?...”.
¡No, por Dios!... Si todo era...  Si todo parecía perfecto…
Por primera vez en muchos años, Julia, se sintió muy sola. No era  capaz de entender qué era lo que había pasado y sufría por no haber intuido aquello que pasaba por la cabeza de su hija. Perdió la color, el apetito y el sueño y era, únicamente, al acercar el libro contra su pecho, cuando sentía consuelo y descanso. Así, abrazada a ese montón de hojas en blanco, había encontrado la forma de conseguir cerrar los ojos, descansar e incluso soñar… algo que, desde hacía mucho tiempo, no lograba.
Una tarde de lluvia, varios meses después de la desaparición de su hija, sintió la necesidad imperiosa de abrir el libro en busca de alguna pista; algo que hubiese pasado desapercibido para la policía. Y allí mismo, en una página cualquiera del libro, dejó caer una lágrima... 
Entonces, y como por arte de magia, empezaron a surgir letras que comenzaron a formar palabras que, a su vez, iniciaron frases… para dar paso a una historia que se iba escribiendo al ritmo que ella marcaba con su vista, con el único compás con el que era capaz de leer… despacio, muy despacio.


Atrapada por la "magia" del libro fue descubriendo la crónica de una aldea increíble; construida al otro lado de una cascada; preservada del mundo. Un sitio especial, sin contaminar, dónde se fueron recluyendo seres que conservaban íntegro el poder de sus sueños; individuos que, aún habiendo sido muy desgraciados, seguían teniendo esperanza; soñadores; titiriteros; magos y personas de todos los lugares del planeta que, por uno u otro motivo, habían deseado en algún momento de sus vidas, desaparecer.
Conoció a Luján, el primer habitante del paraje y un gran conversador. A Camelia, una sanadora de almas excepcional. A Diego, una especie de titiritero que pasaba horas ideando bailes y juegos... Conoció a Rayo, el guardián de las nubes. A Roque, el reparador de sueños rotos; también a Luz, la compositora de cuentos, una joven discreta que encontraron desvanecida a orillas del lago. A  la sin par Gabriela, ejemplo de lucha y superación, que había conseguído volver a caminar... e incluso volar.
Eran una gran familia, donde cada cual tenía reservado su lugar, su función y su sitio.
Conoció a decenas de personajes maravillosos, con historias fascinantes de superación personal. Por primera vez en su vida entendió lo que era disfrutar de la lectura; se acordó de su hija y lamentó no haber compartido mucho antes, el gusto por los libros.
Día a día, iba buscando un huequito en sus tareas para irse sumergiendo en las historias fascinantes que ocurrían en la aldea de Luján…
El tiempo, en los libros, camina de forma diferente a lo que lo hace en la vida real. Lo que se cuenta en un capítulo puede ser la narración de un tiempo muchísimo más largo… Al acabar ese verano, Luján y la joven cuenta-cuentos, habían decidido formar una familia y la aldea se vistió de fiesta. Ese día, cada cual había realizado su trabajo con precisión, y la decoración era propia de un cuento de hadas. Una plaga de colores y olores para agasajar a los enamorados...


Julia, hizo lo propio y se engalanó para la ceremonia con su mejor traje... Incluso se atrevió a pintarse un poquito los ojos y aplicó brillo rosado en sus labios. Ese día estaba pletórica por seguir leyendo en qué terminaba la historia de unos personajes desconocidos, que se habían colado en su vida.
Se sentó en su sillón; se puso sus gafas para vista cansada; un cojín en las lumbares; piernas en alto con su mantita del pirineo y ¡a leer!...
En apenas unas semanas había entrado a formar parte de una comunidad, que vivía en un mundo paralelo, al otro lado de una cascada y, por un momento, sintió el deseo de aparecer en ese "otro lado" para, incluso, felicitar a los recién casados. Pero ella, no podía permitirse abandonar su lugar y su tiempo… ¿y si su hija volvía?
Luz, la novia compositora de cuentos de la aldea de Luján; la joven discreta que encontraron maltrecha a los pies de la cascada se dirigió a todos los presentes  para hacerles partícipes de lo feliz y desgraciada que era al mismo tiempo. Feliz, al haber encontrado el lugar donde la magia y los sueños son protagonistas y triste, por haber dejado al otro lado al ser más maravilloso y especial que había conocido en su vida: su madre…
Julia, tenía los ojos inundados de lágrimas por aquella muchacha y, de nuevo, sintió el deseo de estar a su lado para abrazarla, pero… no podía ser. Ella debía estar en su sitio, en la casa de su hija, aguardando su vuelta…

En ese preciso momento el tono del libro cambió para convertirse en algo más personal… Un “mea culpa” entonado de pie y ante todos.  La joven Luz, pidió perdón por haber actuado de forma tan egoísta hacia su madre a la que no tuvo en cuenta cuando cerró los ojos y decidió firmemente desaparecer de un mundo que le agobiaba. Ahora, en un día que se suponía muy feliz, no podía tirar hacia adelante; la pena y la culpa eran demasiado pesadas… Miró a Luján y a todos los aldeanos y llorando se dirigió hacia la cascada con el ánimo de deshacer el daño causado. Todos sus convecinos entendieron.
¡Noooooo!, no lo hagas niña –gritó Julia desde el sofá de su salón- ¡No lo hagas, muchachita!  Ahora no…
Los lugareños no podían creer lo que estaban viendo sus ojos… La gran ceremonia malograda…  La joven Luz, apagada y convertida en una novia a la fuga…  Y lo más sorprendente, a una desconocida mujer, vestida de fiesta que, apresuradamente corría tras ella, gritando…
Cuando consiguió darle alcance y se encontraron frente a frente, tras el asombro inicial, se produjo la gran explosión de risas, llantos, abrazos, perdones, mocos y besos… Ahora cada cosa estaba en su lugar y todos estaban en su sitio... El círculo se acababa de cerrar. Y el sillón había quedado vacío.







Y colorín, colorado esta historia ya sí se ha acabado.


22 octubre 2011

El libro.


Desde su más tierna infancia había degustado el sabor de la lectura. Primero fueron cuentos para colorear, le siguieron otros con historias de princesas y hadas. De ahí saltó a las novelas para adolescentes; los últimos best-seller; ensayos; libros de historia… Se convirtió en una devoradora insaciable de cualquier texto que cayera en sus manos.
Por eso cuando sentada en un banco, se percató de que a su lado había un libro olvidado pensó en echárselo al bolso, con el mayor disimulo posible. Fue su buena educación la que le hizo ponerse en pie e ir preguntado a todos los que se encontraban en las proximidades, si el libro era suyo. No había dueño, por lo que se acababa de convertir en la propietaria del tesoro encontrado.


No conocía el libro… y eso para una lectora tan promiscua era poco menos que un delito. Escudriñó la portada buscando el título. Nada. Allí solo se encontraba la fotografía de una cascada, en un lugar que le pareció muy atrayente. No había datos del autor, ni fecha de impresión, ni editorial, ni siquiera un triste prólogo… Nada. Únicamente 600 páginas de lectura dispuestas a ser engullidas.
Mmmm… saboreó las primeras líneas mientras se dirigía a casa en autobús. La historia prometía y ella iba a estar a la altura de unas palabras que le estaban atrapando desde el comienzo.
La llegada al hogar no era diferente a tantas otras en que abría la puerta sin poder dejar de leer el libro que, en cada ocasión, traía entre manos. Su madre, mujer tan acostumbrada al ir y venir suyo, con total concentración en las palabras  “no le echaba cuentas” si al entrar en la casa no le hacía más que un gesto con la cabeza, a modo de saludo…
La voz era tan susurrante… “acércate a mi y no temas”… “ven conmigo”… 

...“La cena está lista en la mesa, ¡vamos!... ¡a cenar!”… 
Palabras que, por boca de su madre, le sacaron del trance lector en el que estaba sumida. ¡Voy mamá, un minuto…!. “¡Ahora vuelvo, amor mío…!”
Una cena rápida con disculpas incluidas. 
Allí, en la mesa le contó a su madre lo que le había ocurrido con ese libro tan especial. Le hizo partícipe de la maravillosa historia que estaba viviendo y, con un bocado aún en la boca, le besó y se despidió, ansiosa de seguir la lectura…
La madre, que entendía tan bien los gustos de su hija, asintió con una sonrisa…
    -“¿Mañana a las 7?”…
    -“Sí, gracias mamá”...
El despertador marcaba las 7 cuando la madre, desde su cama, comenzó a “tocar diana”...

… Las 7, perezosa… ¡Te has quedado frita!… “Espabila que te voy preparando el desayuno"…

Tras diez minutos sin ningún tipo de respuesta, la mujer abrió la puerta de la habitación de su hija. No había nadie. Solo alcanzó a ver un libro entre las sábanas de la cama... probablemente el mismo que, un día antes, reposaba en un banco. Lo tomó entre sus manos intentando entender qué era lo que había pasado...

No había título, ni datos del autor, ni fecha de impresión, ni editorial, ni siquiera un triste prólogo… Nada. Únicamente un montón de páginas en blanco
En la portada tan solo una atrayente cascada formando un pequeño lago, y una chica que  caminaba hacia ella, como hipnotizada...



17 octubre 2011

Gracias por aguantarme un año


Hace un año, un día tal como hoy, 17 de octubre me lancé al mundo virtual, éste que compartimos todos los que paseamos por aquí.


Fue emocionante, sin demasiados conocimientos, ir eligiendo plantillas, widgets, gadgets, fotos y todos los accesorios que lleva un blog. Le dediqué horas, yo diría que muchas, hasta conseguir el aspecto que hoy tiene y, una vez listo, ¡a publicar!. 


Comencé conmigo misma de seguidora, porque no era plan de dejar el hueco de seguidores vacío, luego se fueron incorporando otras personas que ya son mis amigos virtuales.
No puedo celebrar este primer aniversario sin recordar a Sandra, de “Marea de Emociones”, mi madrina. 
Ni a Guille,  entrañable argentino. 
Ni a la mejor bloggera de tod@s, mi queridísima Neuriwoman, una gran persona, con una mente privilegiada y una buena amiga. 
O a Ángel, mi primer crítico y una excelente persona.
También a Carlos que, desde su Málaga, acudía y me dejaba comentarios inmensos cargados de ternura y tintes solidarios… 
A una artista del glamour, Miss Gretillas, que además es muy cariñosa y generosa siempre conmigo.  
Acróbata, ¿qué decir?, es un ejemplo para mí de cómo debe ser la buena gente, y sería una de las personas en las que podría confiar a ciegas.
ESPE, Pencies, adorable hasta decir “basta”.  
El Mirlo, que se acaba de convertir en mi “musa”, con una debilidad: las matemáticas. 
Mi adorada Campoazul, con la que me encanta conversar  y con la que tengo pendiente un café…  Jolín, son tantos a los que debo agradecimientos que temo que alguien se me escape…
Conocí a Bruni, Rombo, Ana Pepinillo, Evy, Sor Cecilia, Julia Velayorga, Ricard, Julio Escamilla, Uxue, Garcibáñez, Goyo, Tony, Men… Y tantas y tantas personas que no puedo mencionar por falta de espacio.
En los últimos tiempos  han entrado en mi vida tres grandes relatistas: Ximens,  me encantan sus "críticas" ; Nicolás Jarque, genial y Rosa, breve e intensa. Gracias también.
Este mundillo también tiene su aquél. No todo ha sido  “Flower Power”,  he encontrado a personas que se te cuelan en la vida, y de la noche a la mañana desaparecen… Cuando luego intentas entrar en su casa a comprobar si les ha ocurrido algo, un portero de blogger te impide el acceso diciendo que no estás invitado

No todo es “paz y amor”; también hubo una “peleílla” con una persona que se molestó por un post sobre las modas que vienen de Asia. Bueno, la sangre no llegó al río, pero sí me disgustó un poquito...

De todo, en un año mágico.
Gracias por aguantarme un año que, en visión retrospectiva, se me ha pasado volando... Por lo menos a mí.


Para que no se aburra tanto el pequeñín, voy a cambiar la foto de mi perfil por una que me encanta... 


11 octubre 2011

Diana Segunda (el desenlace).


Relatar lo que aconteció en los días siguientes se podría resumir en dos palabras: “se enganchó”.
Paulatinamente fue descuidando su vida social, las cervecitas tras acabar el trabajo con sus compañeros, sus salidas con amigos y a su chica. En lo único que pensaba era en llegar a casa, tomar una duchita rápida y sentarse a charlar con Diana Segunda que, día a día, se reinventaba tan solo para él… Un nuevo peinado; atrayente maquillaje; explosiva lencería… un despliegue alborotado de sensualidad, únicamente para deleite de sus sentidos.


Estos cambios repentinos en su actitud fueros advertidos por todos aquéllos que se encontraban próximos, tanto que, poco a poco, su círculo de amigos más cercano le fue dando la espalda.
Una noche en la que,  joven y teléfono, estaban inmersos en una conversación con marcados tintes eróticos, sonó el teléfono… Al otro lado de la línea, Diana, la novia.
¡Qué fastidio! –pensó Darío- ¿Qué querrá ésta ahora?...
No hizo falta nada más. Diana, la Segunda, se hizo cargo de la situación. Emulando la voz de Darío, atendió de muy mala gana la llamada; despidió groseramente a la enamorada y colgó...
Una risotada a dos voces llenó toda la estancia y el juego erótico de ambos continuó en el mismo instante en el que les interrumpieron… Cuando le tuvo en un punto álgido de excitación, con una voz de quien se sabe controladora de la situación, Diana Segunda pidió algo a Darío…
            -…lo que sea… pero ¡no pares ahora!…
            -… quiero ser tu chica… nunca más la segunda… solo, Diana… tu chica, la única.
            -… la única… pero, sigue ¡por favor!... eres la única…
Con la luz del día y con la cabeza más fría se sintió avergonzado de lo ocurrido la noche anterior. Había practicado sexo, guiado por una experta interlocutora virtual y, lo que era aún más grave, había consentido que un “electrodoméstico” hablara por él y fuera descortés con su novia . Paseando solo, comenzó a tomar conciencia del absurdo enganche en el que estaba sumido con su móvil y decidió finiquitarlo...
Aunque Diana, el smarphone más inteligente del mercado, tenía otros planes para su primer mes juntos. Le tenía preparada una gran sorpresa, la mayor de toda su vida.
Al llegar a su casa quedó espantado de lo que vio. Todo decorado de velas y pétalos de rosa y la mesa con dos servicios… ¡Cena romántica para dos!... Pero ¿c-ó-m-o?... ¿Cómo un teléfono móvil habría ideado aquel macabro escenario?... y ¿cómo lo pudo llevar a efecto?...


Darío corrió hacia el baño y se encerró en él, sofocado, tembloroso y muy asustado. ¿Se estaría volviendo loco?. Abrió el grifo del lavabo y se empapó la cara, mientras se miraba en el espejo. Estaba ojeroso y demacrado, lo que era normal debido a las pocas horas que dormía en los últimos días… Pero esto, debía terminar ¡ya!.
Al otro lado de la puerta, Diana, reclamaba su atención… “¿Vienes, cariño?”... ¿No habrás olvidado nuestro primer aniversario, amor?...
Darío sintió ganas de vomitar; tomó aire y salió dispuesto a terminar la historia de una vez por todas…
Cogió en móvil en sus manos y pulsó la tecla On-Off para apagarlo y extraer de sus entrañas la maldita tarjeta. “¿Qué haces, Darío?”… Na -nada…nada… 
...¿Nada?... ¿Qué estás haciendo?...
Al súper smartphone no le hizo falta mucho más para entender la situación… Ese mal nacido de Darío quería deshacerse  de ella y,  eso,  no lo iba a permitir. Había tardado muchos días en prepararle su gran sorpresa… Fueron suficientes un par de descargas eléctricas para dejarle tumbado. La situación estaba clara: o ella o él y la respuesta aún más clara: ELLA.


Cuando Darío despertó, se encontró atado y amordazado. Frente a él un espectro… ¿Qué estaban viendo sus ojos?... Diana, el avatar creado por él, en tamaño real; un holograma en 3D que fumaba un cigarrillo mientras le observaba. 
Ella, hermosa y fuerte y él, un hombre indefenso y, a cada minuto, más frágil. En ese momento entendió la situación y abandonó la lucha… ¿Cómo iba a pelear contra un software de esas características?. Un software que se nutría, día a día, poco a poco de su energía vital… Y que ahora, la quería TODA…de una vez.
Días después, Diana, la novia buena, la despechada, se presentó en casa de Darío, alarmada por los días sin noticias, y se encontró "de bruces" con el desolador panorama… Darío, muerto en un lecho cuajado de pétalos marchitos de rosa…A su lado, en la cama, tan solo un teléfono móvil....



.../... Últimas noticias.../...:
“La Agencia Estatal de Radiocomunicación y Tecnologías de la Información avisa que el Smartphone PET- 37G debe ser retirado del mercado porque su software puede ser potencialmente peligroso para la salud. Acuda a su distribuidor más próximo y le será reembolsado su dinero”
 

09 octubre 2011

Diana Segunda.


Darío quería que este aniversario fuera algo especial, no en vano había pasado toda la noche esperando en las puertas de unos grandes almacenes, a que se pusiera a la venta el nuevo modelo de Smartphone, el más inteligente del mercado. Lo último en tecnología para su querida Diana, la chica que había entrado en su vida como un rayo de luz. Hubo de rascarse muy a fondo el bolsillo, pero la ocasión bien lo merecía… 
Cuando, ¡por fin!, abrió el pack en su casa y sintió el tacto del móvil entre sus manos, se consideró el hombre más afortunado del mundo. Le extrañó que no hubiera libro de instrucciones, ni cable de corriente o para conexión USB, aunque ausencias tan banales ante tamaña ingeniería eran eso, banales.

Introdujo su tarjeta SIM para hacer las primeras pruebas de funcionamiento. Una interfaz intuitiva le fue guiando en las configuraciones. Tonos de llamada, marcación por voz, respuesta también por voz, ¡la hostia!, perfil de usuario, navegación por redes sociales, autonomía indefinida… ¿Autonomía indefinida?. Sí, sí, el móvil no necesitaba cargarse a la corriente eléctrica. Por un sistema de transmisión PET, "power energy transfer", el aparatejo era capaz de capturar del usuario la energía necesaria...


Un último paso, personalizar la apariencia con la elección de un "avatar", un nombre, y estaría listo. 
Fue eligiendo primero el sexo; por supuesto, femenino y después el color del pelo, los ojos, las medidas, el estilo y aficiones… y por último el nombre: Diana, como su chica. Un mensaje de voz desde el otro lado del teléfono: “El nombre de usuario se encuentra ya registrado, elija otro por favor”…  Hmmm, no podía ser otro, por lo que pensó en “Diana Segunda” y se dispuso a teclearlo en la pantalla táctil… No hizo falta terminar de escribir, un nuevo mensaje de voz le confirmaba que la configuración inteligente acababa de ser realizada con éxito. En ese momento, en la pantalla apareció el rostro de ella, Diana Segunda, un "bomboncito", que le daba la bienvenida… 
Pasaron las horas... siete, ocho o quizás diez, hablando con Diana Segunda. Digo bien, hablando, porque tras las configuraciones y ajustes precisos, el teléfono no solo le hablaba sino que era capaz de mantener una conversación coherente... Era alucinante poder charlar de fútbol, de la Bolsa, de la crisis, de la amistad, del amor y ¿por qué no?, de sexo…
Cuando miró su reloj, viendo el tiempo que había pasado, decidió apagarlo, sacar su SIM e introducirlo en su cajita roja. Entonces le pareció escuchar que un sonido, como un gemido o un suspiro, se escapaba del aparato. Sorprendido, aún más si cabía, miró al rostro que aparecía en la pantalla observando perplejo como Diana Segunda,  tras un lento parpadeo, dejaba brotar una lágrima de sus ojos…


¡Ostras!, no se lo podía creer… Además de inteligente, ¿era capaz de sentir?... Esto ya era “de locos”…
Como si de una charla entre amigos se tratase, y en un acto impulsivo, le consoló diciendo: “Tranquila Diana, que tú te quedas aquí”…


(continuará)
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