COSTUMBRES
Algunas costumbres llegan con la sangre, sin pedir permiso, como el color de ojos, la calvicie o la mala letra. En mi familia nunca hablamos abiertamente de ello, pero todos sabemos que algo raro, espeso y silencioso nos corre por dentro.
Mi abuelo coleccionaba dientes. Los guardaba en cajas de galletas danesas, bien ordenados por tamaño y estado. Decía que eran pequeñas pruebas de que la gente que pasa por tu vida siempre deja algo atrás.
Mi padre coleccionaba amantes. No las guardaba en cajas, claro, sino en agendas escondidas y mentiras mal contadas. Aseguraba que el amor se multiplica cuando se reparte. Mamá asentía y seguía cortando cebolla, como si no hubiera oído nada... (continúa leyendo aquí).
#ganador
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