Miró su reloj, las cinco en punto de la tarde. Allí estaba ella acercándose “a hurtadillas”, despacio, hacia el banco dónde se conocieron varios meses atrás. En su bolsito de viaje, unas pocas pertenencias. Él, por el contrario, llevaba las manos libres y toda su ropa puesta… una prenda encima de otra, como las capas de una cebolla. Por fortuna era un día frío, y el exceso de abrigo le resultó confortable.
Cinco y cuarto. Cambio de turno y unos minutos sin vigilancia para huir.
Juntos, del brazo, caminaron hacia la salida. Una puerta rejada y tras ella, la libertad…
Sortearon el obstáculo sin problemas y, ya fuera de su cárcel, se abrazaron y besaron por primera vez. El tacto de los labios en fusión resultaba tan cálido que no se podían separar. Ella, abrió su bolso y sacó una flor que besó para él. Y así, con la flor en la mano, caminaron del brazo como dos enamorados.
Tomaron la carretera, caminando despacio; oteando el paisaje; respirando profundamente el aire limpio y besándose las manos a cada paso.
Hicieron señas a un camión para que parara. Les llevó al pueblo más cercano. Allí buscaron un hostal y tomaron una habitación. Se registraron como matrimonio y pidieron que les subieran algo para cenar. En estos pueblos pequeños, no se suelen hacer preguntas a los forasteros, por lo que éste segundo obstáculo, también quedó superado.
Esperaron sin hablar, sentados en torno a una mesa, mirándose y sonriendo. Las manos unidas. Miradas cómplices de enamorados y chispas que iban de los ojos del uno a los de la otra.
Estaban haciendo lo correcto y nadie lo iba a poder impedir.
Cuando llamaron a la puerta fue ella, la más ágil de los dos, la que se levantó a abrir…
Esperaban una cena en la intimidad, sería su primera cena, y no convenía hacer esperar al camarero. Al abrirla, sus ojos se asustaron por lo que, en un acto reflejo, intentó cerrarla de nuevo... Misión imposible porque la madera topó con un pie fornido, que se lo impidió.
Al otro lado de la puerta, había 4 hombres: dos vestidos de policía y otros dos hombres más. Uno de ellos, no debería llegar a los cuarenta años y, el segundo... algo mayor...
¿Qué os parece la escena?
Personalmente, creo que tiene varias posibilidades para encontrarle un final así que, aunque yo ya tengo uno, me gustaría que participarais y crearais el vuestro… (mi agradecimiento a tod@s, por adelantado).


























