En esta ocasión, un buen amigo, me ha "prestado" este relato (de su autoría) para poder compartirlo. He de decir que es un "freaky" de la ciencia-ficción y esas cosas. Deseo que os guste.
El espectáculo que se ofrecía ante mis ojos lo había observado cientos, tal vez, miles de veces, pero no era igual. Lo que se podía ver en los Atlas, enciclopedias e incluso en videos, no tenía nada que envidiar a lo que ahora estaba contemplando.
Una lágrima comenzó a salir de uno de mis ojos y una intensa opresión atenazó mi corazón. Otra lágrima del otro. Segundos después un llanto silencioso y amargo imposible de contener arrasó mis mejillas…
Una mano grisácea con cuatro dedos se apoyó en mi hombro y me habló:
- Lo que va a ocurrir dentro de unos minutos no creo que te guste.
- ¿Cómo lo sabes!
- No lo sé, pero lo intuyo.
- ¡Por favor!, deja que lo vea…
- No soy yo quien decide. El comandante ha ordenado bajar las ventanillas dentro de dos minutos. ¡Acompáñame!
- No, prefiero estar sola. ¿Lo entiendes, verdad?.
- Sí, amiga, lo entiendo.
Mientras me apartaba las lágrimas de los ojos, vi como se alejaba la figura alta y delgada y, una vez en mi soledad, comencé a recordar los acontecimientos que me habían llevado hasta aquel lugar.
¡Cabrones! ¡Cabrones profetas!... alguna vez tenían que acertar. Primero que si el año mil, segundo que si la gran peste de mil trescientos que asoló Europa, cuarto, quinto… etc…etc. El fatídico dos mil, donde tampoco pasó nada. Pero ya estaba escrito, era el dos mil doce… ¡pues no!, también se equivocaron entonces. Cuando todos estábamos tranquilos; cuando ya no había profecías apocalípticas… Ocurrió.
Nadie imaginó lo que realmente iba a ocurrir… era mucho más terrible de lo que nos habían contado.
Unos cuantos tuvimos suerte, por decir algo, y “nuestros amigos”, que sabían lo que estaba por venir, aguardaban el momento para recoger a los que pudiéramos sobrevivir. Tanto tiempo estuvieron esperando que, incluso ellos, llegaron a pensar que nunca pasaría. Pero pasó.
Me alejé de la ventanilla de la nave, ya no lo quería ver. Ahora lo estaba disfrutando e imaginando en mi cerebro. Mi hermoso Planeta Azul reventado por la mala cabeza de nosotros mismos. Sí, nosotros, los más grandes depredadores, capaces de matar a nuestra propia madre sin ni siquiera ser conscientes de ello.
Y no fueron los terribles terremotos ni los tsunamis descritos en cientos de profecías; ni asteroides gigantes; ni siquiera llamaradas solares incontrolables… ¡No! La única culpable del Apocalipsis fui YO.
Sí, YO. Aunque tendría que decir que fue una de esas frases que aparecían, de vez en cuando, en la pantalla de mi ordenador la que me incitó a hacerlo… ¡Frase maldita! que hacía que mi mente se nublara… “Acceso denegado”… Después, para terminar de arrebatarme por completo la palabra tan amada… “Peligro”… Y para llegar al éxtasis…”¿Está seguro que quiere continuar?”…. ACEPTAR… La palabra suprema. Por supuesto que sí; aceptar…
Confío en que, cuando termine el viaje que acabo de comenzar, pueda tener acceso a los ordenadores de mis “nuevos amigos”. Sería bestial repetir tamaña experiencia.
Ah!, se me olvidaba, me llamo <…> y tengo diecinueve años; soy una “tía buena” de esas que llaman “populares”…
No comment...


