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21 enero 2012

La joroba


Hace ya algún tiempo, cuando era demasiado joven para entenderlo, leí o me contaron un cuento que ahora, con el paso del tiempo, me ha venido de nuevo a la memoria... Voy a intentar recordarlo lo más fielmente posible.

"Había una vez un joven que, aunque brillante por su talento en esto del pensar, no tenía mucho éxito en aquello otro del amor, pues su figura era un tanto deforme. No era alto ni guapo y coronaba su espalda con una joroba.

En uno de sus múltiples viajes se enamoró de la hija de un comerciante. Era una joven hacendosa que ayudaba a su padre en las tareas que éste le encomendaba y gustaba de escuchar al muchacho cuando le hablaba. Veía en él un joven sabio y dulce, pero le repelía su aspecto físico. Él, por su parte, adoraba todo de ella.

Un buen día, el joven, haciendo acopio de valor, fue a hablar con el comerciante para ponerle en antecedentes del inmenso amor que sentía por su hija. El padre le escuchó y comprendió que sus sentimientos eran muy fuertes hacia la muchacha pero también conocía lo que su hija opinaba al respecto... Optó por desengañarle para que no sufriera.  Sabía que no tendría ninguna oportunidad.

Un poco triste, pero no vencido, decidió jugar su última carta y hablar directamente con su enamorada. No tenía claro el modo de plantearle su amor y tras una conversación vanal y casi en un susurro le preguntó si sabía dónde se fraguaban los matrimonios. "No, no lo sé", le respondió ella mirando hacia el suelo.

En el cielo, el mismo día que nacemos -respondió él-. Así, el día en que yo nací escuché el nombre de mi prometida. También, que sería una chica preciosa. Con menos nitidez, un poco más lejos, continué escuchando que, por cuestiones del azar, la que estaba destinada a ser mi esposa... llevaría de por vida una grotesca joroba. ¡No! -grité-. ¡Dadme a mí esa joroba y que ella pueda disfrutar de su vida sin tener que llevar ese pesado atributo!...

La joven levantó sus ojos para contemplar los del muchacho y alargando sus manos cogió las de aquél por primera vez. En ese preciso instante comenzó a contemplar lo bello que era, algo que nunca hasta entonces había sabido ver, y  un escalofrío le recorrió el cuerpo... Tiempo después se convirtió en su esposa.
Y colorín, colorado..."

Aunque lo recordaba como un cuento, hace pocos días he sabido que se trata de la "historia"  de Moisés Mendelssohn (abuelo del compositor Felix Mendelssohn).

Filósofo y rabino judío del S. XVIII. Luchador implacable por los derechos civiles de los judíos.
Traductor de la Torá, hecho por el que fue considerado un hereje siendo su obra quemada en numerosas ciudades...
Se supo rodear de grandes pensadores y filósofos de la época.

Los ojos, ¡cómo nos engañan! no permitiendo que veamos lo que hay más allá.
Cómo los prejuicios hacia los que no tienen el cánon de belleza, que nos marca la sociedad, hacen que pasen a nuestro lado tantas y tantas personas distintas a las que no prestamos atención.

Un relato muy entrañable que encierra una filosofía con la que estoy  comprometida desde hace mucho tiempo y es el intento diario por conocer más el interior de los demás.

Y como el joven del cuento desearía... "poder llevar la joroba de mi ser amado".




01 enero 2011

El Espejo. Cuento japonés.

Había una vez en Japón, hace muchos siglos, una pareja de esposos que tenía una niña. No eran ricos y vivían del cultivo de un terreno. La esposa era una mujer hermosa, sencilla e ingenua.

Un año, en que la cosecha no fue buena el marido, tuvo que partir en busca de trabajo fuera de su aldea. Su ausencia fue por mucho tiempo y, cuando regresó, lo hizo con dos regalos. A la niña le llevó una muñeca, y a la mujer un espejo de bronce plateado. La mujer miró el espejo con gran maravilla puesto que no había visto nunca un objeto similar. Quedó fascinada y sorprendida cuando, al mirarlo y reflejada en él, contempló a una joven y alegre muchacha a la que no conocía.

-Míralo y dime qué ves dentro.- le preguntó el marido
-Veo a una hermosa joven que me mira y mueve los labios como si quisiera hablarme ¿Quién es esta mujer?..
 El marido rió mientras le decía:
-¿No te das cuenta de que este es tu rostro? . Se llama espejo y en la ciudad es un objeto muy corriente.

La mujer quedó encantada con aquel maravilloso regalo, guardándolo con sumo cuidado en una cajita metálica. Como lo consideraba un objeto misterioso, solo de vez en cuando, lo sacaba para contemplarse. No conocía su magia pero entendió que, en él, aparecía su propia imagen. Era un regalo de amor, y los regalos de amor son sagrados. Durante muchos años, lo tuvo siempre escondido.

La mujer enfermó un invierno. Su salud, que había sido siempre delicada y frágil, se resintió con el frío extremo de ese año. Cuando sintió próximo su fin, tomó la caja del espejo y, sonriendo, se la dio a su bella hija que, por aquel entonces, se había convertido en una joven de parecido extraordinario al de la madre , diciéndole:

-Pronto dejaré de estar aquí, pero no te entristezcas. Debes prometerme que mirarás este espejo todos los días. Me verás en él y te darás cuenta de que, aunque lejos, siempre estaré velando por ti.

Al morir la madre, la muchacha cumplió a diario lo prometido. Miraba el espejo y en él veía la cara de su madre, tan hermosa y sonriente como antes de la enfermedad. Con ella hablaba y a ella le confiaba sus penas y sus alegrías; y, aunque su madre no le decía ni una palabra, siempre le parecía que estaba cercana, atenta y comprensiva.

Ingenua como su madre, jamás dudó que el rostro reflejado en la chapa reluciente no fuese el de ella. Hablaba a la adorada imagen, convencida de ser escuchada.

Un día el padre le sorprendió, en la ventana, mientras murmuraba al espejo palabras de ternura.
-¿Qué haces, querida hija?, le preguntó.
-Miro a mamá. Fíjate en ella, no se le ve pálida y cansada como cuando estaba enferma,  parece más joven y sonriente...

El padre quedó tan impresionado y emocionado que nunca se atrevió a decirle que a quién contemplaba, todos los días en el espejo, era ella misma y que, tal vez por la fuerza del amor, se había convertido en la fiel imagen del hermoso rostro de su madre.


... “Porque, especialmente en estos días, me gusta pensar que las personas que ya nos dejaron... ¡siguen estando de una manera u otra!. (Querida Mari, siempre en mi recuerdo)…”.

06 noviembre 2010

La Joroba

Hace ya algún tiempo, cuando era demasiado joven para entenderlo, leí o me contaron un cuento que ahora, con el paso del tiempo, me ha venido de nuevo a la memoria... Voy a intentar recordarlo lo más fielmente posible.

"Había una vez un joven que, aunque brillante por su talento en ésto del pensar, no tenía mucho éxito en aquéllo otro del amor, pués su figura era un tanto deforme. No era alto ni guapo y coronaba su espalda con una joroba.

En uno de sus múltiples viajes se enamoró de la hija de un comerciante. Era una joven hacendosa que ayudaba a su padre en las tareas que éste le encomendaba y gustaba de escuchar al muchacho cuando le hablaba. Veía en él un joven sabio y dulce, pero le repelía su aspecto físico. Él, por su parte, adoraba todo de ella.

Un buen día, el joven, haciendo acopio de valor, fue a hablar con el comerciante para ponerle en antecedentes del inmenso amor que sentía por su hija. El padre le escuchó y comprendió que sus sentimientos eran muy fuertes hacia la muchacha pero también conocía lo que su hija opinaba al respecto... Optó por intentar desengañarle, para que no sufriera en el intento ya que no tendría ninguna oportunidad.

Un poco triste, pero no vencido, decidió jugar su última carta y hablar directamente con su enamorada. No tenía claro el modo de plantearle su amor y tras una conversación vanal y casi en un susurro le preguntó si sabía dónde se fraguaban los matrimonios. "No, no lo sé", le respondió ella mirando hacia el suelo.

-En el cielo, el mismo día que nacemos -respondió él-. Así, el día en que yo nací escuché el nombre de mi prometida. También, que sería una chica preciosa. Con menos nitidez, un poco más lejos, continué escuchando que, por cuestiones del azar, la que estaba destinada a ser mi esposa... llevaría de por vida una grotesca joroba. ¡No! -grité-. ¡Dadme a mí esa joroba y que ella pueda disfrutar de su vida sin tener que llevar ese pesado atributo!...

La joven levantó sus ojos para contemplar los del muchacho y alargando sus manos cogió las de aquél por primera vez. En ese preciso instante comenzó a contemplar lo bello que era, algo que nunca hasta entonces había sabido ver, y  un escalofrío le recorrió el cuerpo... Tiempo después se convirtió en su esposa.
Y colorín, colorado..."

Aunque lo recordaba como un cuento hace pocos días he sabido que se trata de la "historia" -entre comillas-  de Moisés Mendelssohn (abuelo del compositor Felix Mendelssohn).

Filósofo y rabino judío del S. XVIII. Luchador implacable por los derechos civiles de los judíos.
Traductor de la Torá, hecho por el que fue considerado un hereje siendo su obra quemada en numerosas ciudades...
Se supo rodear de grandes pensadores y filósofos de la época.

Los ojos, ¡cómo nos engañan! no permitiendo que veamos lo que hay más allá.
Cómo los prejuicios hacia los que no tienen el cánon de belleza, que nos marca la sociedad, hacen que pasen a nuestro lado tantas y tantas personas distintas a las que no prestamos atención.

Un relato muy entrañable que encierra una filosofía con la que estoy  comprometida desde hace mucho tiempo y es el intento diario por conocer más el interior de los demás.

Y como el joven del cuento, desearía... "poder llevar la joroba de mi ser amado".


La foto que ilustra este post está tomada de elultimodios.blogspot, porque me encantó. ¡gracias!
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