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15 mayo 2014

El vuelo de la silla







Esta noche el estómago vacío, el frío y la quemazón de los calambres le habían concedido una tregua permitiéndole dormir del tirón y... soñar.

Soñó que volaba. 
Y voló… 
Voló y surcó el cielo agitando sus alas. 
Voló en círculos componiendo enredadas piruetas a contraviento; planeó y se elevó de las azoteas más altas.
Ejecutó acrobacias seguidas de vuelos rasantes y se rindió ante las corrientes que le hicieron bailar a capricho del viento…

Su hija le despertó bruscamente con un zarandeo. “¡Vamos!, ya amaneció. Te acompaño al metro”. 

Le colocó la manta sobre las piernas y el raído cartón entre las manos. “Y no olvides reclamar la atención de la gente; poner tu mejor cara de pena y echar el freno de la silla”.

El abuelo que, aún estaba empapado de sueños de libertad, no podía dejar de sonreír mientras comenzaba a caer una fina lluvia de lágrimas sobre sus mejillas.




 



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Mi aportación  a la Primavera de Microrrelatos Indignados 2014Miguel Torija, de LA COLINA NARANJA es impulsor, promotor y espíritu de esta iniciativa de indignación cuyo objetivo es que hoy, día 15 de mayo "la red se llene de microrrelatos indignados que denuncien el avance de la desigualdad social, las injusticias, los abusos de poder, las humillaciones colectivas, las corrupciones impunes o la desprotección social que en los últimos tiempos estamos padeciendo".
   

16 mayo 2013

Agraciados por San Idad




 
 
En el salón de actos, reconvertido en uno de sorteos, los pacientes participantes aguardaban angustiados a que diera comienzo el evento. El presidente y el resto de miembros de la mesa revisaron, una a una, las cuarenta bolas que, dispuestas a razón de diez, acababan de ser introducidas en cada uno de los cuatro bombos. Se rogó silencio por megafonía y la maquinaria comenzó a girar. 
La suerte estaba echada y la expectación era máxima.
–El nueve… nueve. 
El seis… seis.
–El cero… cero.
–El seis... seis.
–Nueve mil seiscientos seis...
–Lo tengo, lo tengo… Lo tengo… ¡Dios mío! –exclamaba un hombre, mientras abrazaba a una señora en avanzadísimo estado de gestación– ¡Por fin, cariño! ¡Por fin, tenemos día y hora para tu cesárea!


 Este microcuento es mi aportación a la segunda jornada de la convocatoria "La primavera de microrrelatos indignados 2013".

18 abril 2013

Recortando gastos






–¡Puta crisis!, cada vez todo más caro y con la mierda de pensión que te quedó no llegamos ni a mediados de mes –cada día, la misma retahíla de reproches por parte de la esposa.
–La culpa la tiene el gobierno –respondía con calma el anciano a la malhumorada mujer mientras podaba un bonsai.
–¿El gobierno? Mira que te dije que te reengancharas unos años más pero al señorito no le dio la gana; el señor ya había dado mucha vida a la empresa… ¡Vago, más que vago! Todo el día mirando el jardín y perdiendo el tiempo con las plantas… –volvía una y otra vez la esposa a meter el dedo en la yaga.– ¿Por qué te habré aguantado tantos años con la de pretendientes que me cortejaron?.. Tanto elegir para acabar con el peor.
–Paciencia, Pura, que de comer no nos va a faltar –hablaba el viejito mientras intentaba acariciarle el rostro.
–¿Comer? A partir de mañana se te acabaron carnes y pescados… No hay dinero para la compra de dos y, puesto que eres el más viejo, necesitarás menos para acabar antes… ¡Qué cruz de hombre, Señor, qué cruz!..

El día en que desapareció doña Pura cuentan que vieron al anciano, con visibles muestras de agotamiento, llevando una pequeña pala manchada de barro. Acababa de plantar unos bonitos rosales por encargo de su esposa.




 Este microcuento es mi aportación a la segunda jornada de la convocatoria "La primavera de microrrelatos indignados 2013". Si quieres participar, aquí tienes las bases.

 

 
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