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14 julio 2021

Decisión final

 Era lo que debía hacer. De lo contrario, me habría consumido viéndote crecer,  sabiendo que siempre serías la favorita.

Esta mañana tuve que insistir mucho para que me dejaran sacarte de paseo. Y mentir un poco. No podía decirles dónde iba a llevarte porque me lo habrían prohibido y, además, era un secreto de hermanos. Solo nuestro. Quería enseñarte los acantilados y el mar. De cerca. Lo más cerca posible.

Mientras caminábamos, sonreías recogiendo flores y piedras en una cesta, parloteando en tu lengüecilla de trapo. Qué bonita estás cuando se te marcan esos hoyuelos que tienen fascinado a papá... Te confieso que estos últimos años han sido terribles para mí. He dejado de ser hijo único, el ojito derecho de mamá, su niño, para convertirme en el hermano mayor. Me han despertado tus cólicos, me he pringado con tus cacas, has emborronado mis dibujos con tus babas y, lo peor, papá me obligó a regalar mi colección  de canicas para evitar que te ahogaras.

No te guardo rencor, hermanita, pero ha llegado el momento de despedirnos para siempre.

Diles a papá y mamá que los quiero muchísimo y, también, que saltar no era mi primera opción.

29 septiembre 2018

La última confesión de Rosina



Creo que fueron sus coletas las que me enamoraron. O la bofetada que me propinó cuando, acercándome a su cuello, en ese minúsculo espacio compartido con un lunar, le besé. Algo sucedió porque, desde entonces, me convertí en la diana de sus dardos. Dijeron que comenzó a fumar cuando supo de mi asma y que se casó con el tipo más indeseable del barrio por darme celos.
Sufrí, pero años después, cuando nos reencontramos y me pidió una oportunidad, solo pude contestar afirmativamente.

Hace tiempo que se marchita. A los chicos no hemos querido preocuparles con malas noticias. Insistieron tanto en costearnos este viaje, que se lo debemos.
He sido feliz y ella, a su manera, también. Me ha abrazado nada más arrancar el tren y he sentido esos ojos de caramelo recorriéndome. Sabe que le queda poco y necesita sincerarse. Pedirme perdón por cada una de las veces que consiguió herirme. Le he rogado que callara. Primero, con besos y, luego, cubriendo su aliento con mi mano. Comprimiéndolo. Silenciándolo para siempre. Después, he ingerido algo en cantidad suficiente para no volver a despertar. Me supo amargo, casi tanto como escuchar de sus labios que yo no era el padre.





Participando en ENTC

06 junio 2015

Recaída



Cuando se despierta, adora contemplar a Roberto durmiendo en la cama. Pero hoy no ha sido así. Su traje no colgaba del perchero. Quizá madrugara. Canturrea hacia la ducha. Tampoco está su albornoz. Se sorprende. El agua brota fría. Suena el móvil. Coge una toalla y avanza descalza. Cuelgan. Número oculto. Bufa. Decide telefonearle. Busca en la agenda. No hay “robertos”. Maldice; no recuerda el número.

En el clóset, una caja de pastillas intacta. Sonríe. Extraña el gel de afeitado, su loción, la gomina. Tiembla. Acude al dormitorio. Abre el guardarropa. Faltan camisas, el abrigo, pantalones… una maleta. Corre al salón. No encuentra los discos de vinilo. Anda y desanda el pasillo aturdida. Decide no ir a trabajar. Ovillada sobre las baldosas enciende un pitillo. Lo había dejado. Su lengua lametea los rosados queloides de sus muñecas. Le alivia. Repara en el álbum de fotos del verano: ella paseando. Ella tomando un helado. Ella riendo… Ella sola. La angustia se hace densa en su cuello. Marca el teléfono de su madre. Le dice que Roberto se ha ido y que alguien lo ha borrado de todas sus fotografías.

Al otro lado, una mujer cubre su boca y llora. Han regresado.



 




Mi participación mes de junio, tema monstruos, ENTC.

01 junio 2015

El legado



Abuelo siempre olía a pólvora. Sentado en su sillón orejero, consumía largas jornadas mimando las figuras que componían la maqueta de su batalla. Contiendas de pinceles, cepillos, lijas y esmaltes para otorgar identidad a centenares de aguerridos soldados y a decenas de cañones de diferentes libras. Calzaba botas militares y dirigía los despliegues de tropas desde su viejo catalejo.

Anochecía cuando avisó a abuela para mostrarle el último cañón. Ella bisbiseó algún cariñoso reproche, maldiciendo el poco tiempo que le dedicaba. Él, avergonzado, la sentó en su regazo y susurrándole hermosas palabras de amor, a las que no acostumbraba, se quedó dormido. Fue su manera de decirle adiós.

Con el tiempo, descubrí detalles sorprendentes en sus figuritas de plomo. Un mismo rostro repetido, una y otra vez, en la cara de cada soldado: el de abuela. Y en correajes, casacas, bocamangas o escarapelas, un testamento de poesía cincelado en minúsculas letras que hizo feliz a su enamorada hasta que nos dejó.

Los domingos son una fiesta cuando vienen mis nietos. Tomo posesión del sillón del abuelo, me calzo sus botas y, a través del catalejo, les narro batallas de amor y plomo, y todo recupera ese añorado olor a pólvora.




*Ganador mes de mayo ENTC

01 diciembre 2014

El ilusionista




Padre nos prometió una gran sorpresa cuando tañera la última campanada del año. Madre supuso que, por fin, había encontrado un trabajo y rezó arrodillada. Yo imaginé la bicicleta BH que llevaba dos años pidiendo a los Reyes, y Merlín y Tábata eran demasiado pequeños para pensar...

Cuando dieron las doce, padre sacó su nueva varita mágica e hizo aparecer un conejo en la sopera. Se le cayeron las lágrimas. Era su primer lepórido. Madre también lloró, pero de rabia, mientras le ponía de patitas en la calle con todos sus cachivaches. Dijo que ya no aguantaba más, que era un fracasado y que, con tres críos, tenía bastante… Después, también lloré al sentir que le perdía.

La señá Joaquina, la presidenta, enternecida, nos cedió un trastero y allí le escondimos. Fue nuestro secreto. Lo sigue siendo. Cada tarde, acudo al cuarto para darle un beso. Él continúa ensayando su truco, el que –según dice– le convertirá en el mejor mago del mundo. Cierra los ojos con fuerza; se cubre con un trapo rojo; pronuncia las palabras mágicas y desaparece…

Yo me marcho aplaudiendo, fingiendo que no le veo, como cuando era niño. Sé que solo así podrá dormir tranquilo.


 
                                                                                               




Participación diciembre en ENTC. Ganador mensual y finalista anual 2014.



17 marzo 2014

Promesa de espuma


Cayo le prometió que recorrerían el mundo en un velero que él mismo armaría… 

Una mañana de primavera el Helena zarpó. Calma chicha. Suave viento de popa. Jornadas que no hacían presagiar que, súbitamente, el cielo enlutara voceando truenos sin clemencia. El viento bramó furioso alimentando una voraz tormenta. Plegaron velas. El agua anegó la cubierta quebrando el mástil. Un desafortunado bandazo a babor precipitó el barco de proa, sumergiéndolo en un furioso océano… 

Llueve. Una mujer entra en una cafetería. Viste de negro. Llama su atención un anciano distraído con palillos y servilletas. Le resulta familiar el modo de coger la taza, su olor a maderas o esa forma de colocarse las gafas. Piensa en otra persona y sonríe. Ha cesado de llover; se marcha. Al salir, roza con su abrigo el brazo del hombre que percibe una brisa como de sal. Eleva los ojos. Apenas avista una figura oscura alejándose. Nota una punzada en el pecho. Aplasta su canoa de palillos. Se cubre el rostro y rompe a llorar…

Jamás han abandonado su memoria, pero la culpa, la pena y la imagen de Helena, engullida por lenguas de espuma, le asfixian con más saña, los días de tormenta.







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Mes de marzo ENTC. Tema: Bajo la tormenta

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