Braulio nació en tierras castellanas, en marzo de 1900. Solía decir a sus hijos y nietos que “nació con el siglo”. De vivir ahora, tendría 111 años... Era un hombre eminentemente bueno que trabajaba en el campo como agricultor. Con veintiocho años se casó con Elisa.
El futuro no era demasiado prometedor en aquél entonces, en España y, guiado por su intuición decidió escuchar a su tío, apodado "el gallego", que había hecho las maletas años atrás y se estableció allende los mares. Braulio, al igual que tantos españoles en esa época, tenía la esperanza de encontrar mejores horizontes y decidió “hacer las Américas”. Salió de su pueblo rumbo a esas tierras, soñando con un futuro mejor. Así, y como otros tantos hombres y mujeres, cruzó el océano rumbo a la Argentina en 1930.
Su tío, "el gallego", ya tenía apalabrados para el matrimonio, sendos trabajos. Así fue como Braulio y Elisa entraron a trabajar en la casa de la familia Uribarri, en la Calle Sarmiento de Buenos Aires. Ella, de doncella de la señora de la casa y él como mozo de comedor. Fueron tiempos felices en los que trabajaron duro para intentar prosperar. Atrás habían dejado su hogar, sus familias y eso siempre les hacía añorar su tierra; su querida España. Aunque, este maravillo país y sus gentes, les supieron recibir con los brazos abiertos.
La mala fortuna hizo que la esposa tuviera un grave accidente en la casa al caerse de espaldas por una escalera… Los señores Uribarri no escatimaron medios para que Elisa fuera vista por los mejores especialistas de la ciudad. Pero el pronóstico no fue bueno, más bien el peor que les pudieron dar. Ella, conocedora de su delicado estado, animó a su marido para hacer de nuevo maletas y volver a su tierra, ésa que tanto añoraban. Así, en menos de dos años y desoyendo los consejos de los médicos contrarios al traslado, el matrimonio hubo de realizar el durísimo viaje de vuelta a casa.
Las travesías, en esa época duraban algo más de un mes, y la joven esposa llegó en un estado de gravedad extrema. Aún así, la ilusión de reencontrarse con sus padres y hermanas le dio las fuerzas necesarias para aguantar la travesía. Quería despedirse del mundo al lado de los suyos. Allí, en su casa, su hermana Damiana se hizo cargo de todos sus cuidados. Lo hizo con tanto amor que, en una de sus últimas conversaciones con Braulio y, presintiendo el rápido desenlace, le hizo prometer a éste que se casaría con su hermana menor. A ella le habló de su marido como un buen hombre, de sensibilidad extraordinaria, y le hizo prometer lo mismo...
Y así se hizo. Tras el luto, ambos cuñados se casaron.
Braulio era un hombre que siempre habló a los suyos de la Argentina, con amor extremo. De allí trajo un cuadernillo con las anotaciones que hizo, a modo de diario, de las experiencias vividas. También incorporó al argot de su pueblo palabras que sonaban raras por aquellos lares: “macana y macanudo”, “manejar el carro”, “boludo”, “¡ché, loco!”, “pibe y vieja” o “boleto de autobús”; también, en su memoria, transportó el nombre que habría de llevar su primera hija: Laura...
Solía contar historias de las grandes avenidas de este precioso y rico país; de la Casa Rosada y de los días interminables que pasaron en los barcos. Gustaba contar que el barco en el que hizo el viaje de vuelta, sufrió un incendio y naufragó en el Atlántico, quizás se tratara del “Cabo de San Antonio” de la naviera Ybarra...
Era un hombre de buen humor que cantaba y tocaba la dulzaina en las fiestas de su pueblo porque, entonces, no había orquestas. Con su voz y rascando una botella de anís con una cuchara, interpretaba jotas para que los mozos y mozas bailaran.
Nunca creyó que el hombre fuera a la Luna… Y lloraba cuando leía en la prensa que había habido un nuevo asesinato, de un policía o guardia civil, por la banda terrorista ETA.
Ésta es una de tantas historias que se podrían contar de nuestra España, en el siglo pasado, pero ésta –para mí- es diferente porque Braulio, el “tío Braulio” como era conocido por todos, era mi abuelo… Y como digo y no me cansaré nunca de decirlo, un hombre bueno que supo hacer felíces a todos los que tuvimos la fortuna de conocerle.
... Mi pequeño homenaje en el aniversario de tu cumpleaños...
PD: Dedicado a todos aquellos que supieron "tender" la mano a mi abuelo... Ahora, y especialmente, a mis amigos Sony, Guille, Maribel... y a todos los nacidos en tan hermoso país.
... Mi pequeño homenaje en el aniversario de tu cumpleaños...
PD: Dedicado a todos aquellos que supieron "tender" la mano a mi abuelo... Ahora, y especialmente, a mis amigos Sony, Guille, Maribel... y a todos los nacidos en tan hermoso país.













