Personas que comparten pensamientos conmigo

16 mayo 2013

60

Agraciados por San Idad




 
 
En el salón de actos, reconvertido en uno de sorteos, los pacientes participantes aguardaban angustiados a que diera comienzo el evento. El presidente y el resto de miembros de la mesa revisaron, una a una, las cuarenta bolas que, dispuestas a razón de diez, acababan de ser introducidas en cada uno de los cuatro bombos. Se rogó silencio por megafonía y la maquinaria comenzó a girar. 
La suerte estaba echada y la expectación era máxima.
–El nueve… nueve. 
El seis… seis.
–El cero… cero.
–El seis... seis.
–Nueve mil seiscientos seis...
–Lo tengo, lo tengo… Lo tengo… ¡Dios mío! –exclamaba un hombre, mientras abrazaba a una señora en avanzadísimo estado de gestación– ¡Por fin, cariño! ¡Por fin, tenemos día y hora para tu cesárea!


 Este microcuento es mi aportación a la segunda jornada de la convocatoria "La primavera de microrrelatos indignados 2013".

10 mayo 2013

68

Butterfly




Llego tarde. Hoy cubro el estreno de Puccini en el Real. Van a cerrar las puertas. “¡Por favor, espere!” Una acomodadora me acompaña hasta mi butaca. Buena fila y bien centrada. ¡Qué silencio! A mi izquierda, una localidad libre y, a mi derecha, un caballero. Huele a jazmines. Me da las buenas noches con una deliciosa voz. Me disculpo por haber sido la última en sentarme. Es mi primera ópera, le digo, a lo que me responde que no será la última y que la disfrute. Comienzan los primeros sonidos de la orquesta. Acerca sus labios a mi oído y, en voz muy baja, casi en un murmullo, me pide que cierre los ojos y que deje a mis sentidos empaparse de la música. ¡Qué buenas palabras para comenzar mi crónica! Le agradezco su gentileza.

Finaliza el primer acto, en el que me he sentido una joven esposa en su noche de bodas. Estoy emocionada y comparto mis impresiones con un desconocido compañero de butaca. “No ha sido más que el comienzo –prosigue-. Ahora, consiente que la música te envuelva; déjate besar por las notas; permite que el calor y el amor te abracen; abandónate a los sonidos y siéntete acariciada por cada instrumento. Estás sola y desnuda, a punto de ser poseída”. Fin del segundo acto. Noto que voy a mil, con la piel completamente erizada, tras el último coro. Miro a mi derecha buscando nuevos estímulos para sumergirme en el tercer acto y, una vez más, de su boca, las palabras vuelven a susurrarme. Cierro los ojos y le escucho: “Déjate llevar por lo que percibes y consiente que las emociones te penetren; disfruta; encuentra el alma de Butterfly, comparte su deseo, su amor, su dolor, su coraje…”


Cuando llega el final me encuentro con los ojos, aún cerrados, inundados de lágrimas arrancando en una explosión de aplausos. Ahora, con la luz encendida, miro a mi improvisado maestro. Es un adonis. Lástima que deba tener el texto terminado en menos de dos horas para enviarlo a la redacción. Nos despedimos. Salgo deprisa, intentando que no se diluya ninguna de las sensaciones que impregnan cada poro de mi piel. Al alcanzar la puerta, me giro para dedicarle un adiós rápido, y entonces le veo desplegando su bastón blanco. Vuelvo sobre mis pasos; me acerco y le ofrezco mi mano. Mira que soy tonta, si estoy temblando. La acepta con una sonrisa que le ha iluminado el rostro y con la que me ha terminado de cautivar. ¿El reportaje? ¿Quién puede pensar ahora en eso? Tengo los sentidos repletos de olores, sensaciones, música, calor, excitación e intuyo, por el modo en que me acaricia, que él también. 

 

01 mayo 2013

77

Decadencia





Había acudido a su cita en el Café Literario con tiempo suficiente para no hacerle esperar. Le gustaba ese lugar, repleto de fotos de grandes autores, por su atmósfera  cargada de nostalgia. Sentada frente a una taza de café solo, aún humeante, aguardaba impaciente mientras liaba un cigarrillo. Sus torpes y nerviosos dedos no atinaban a colocar la boquilla en el lugar adecuado. Unas vueltas hacia delante y otras hacia atrás, hasta que el tabaco estuvo perfectamente colocado en el papel. Después, una pasada con la lengua y la picadura estaba lista para ser quemada. Sacó un zippo de su bolso Gucci y prendió el cigarro con ansia. Tras el humo de la primera bocanada atisbó su figura elegante y varonil.


–Tenemos que hablar. Ha pasado mucho tiempo. ¡Por favor, toma asiento!
–Creo que ya te lo dejé todo bien claro la última vez que me citaste… La amo y eso no lo vas a poder cambiar. Es más fuerte que tus propios deseos.
–Pero, yo soy tu creadora… Eras nada…Te inventé, y sin mí no hubieras tenido ninguna oportunidad de existir. Te dibujé los ojos y el pelo y te concedí ese porte distinguido; te di una vida y cientos de aventuras en mis novelas… Siempre te saqué airoso de cualquier peligro. Puse por entero mi alma en crear tu personaje y renuncié a mi vida, al amor… a todo por ti.
–Estás trastornada y dejaste de ser mi dueña hace ya mucho tiempo… ¿Has reparado en ti y en lo que te has convertido?
–Era hermosa, ¿lo recuerdas? ¡Dime si lo recuerdas! No puedes hablarme como lo haces porque tú eres ficción; tan sólo un personaje que inventé y que me pertenece… ¿Cuándo me equivoqué?.. ¿Dónde te perdí?
–Cuando te derramaste en ti misma y dejaste de escucharme…
El ruido de la taza cayendo al suelo hizo acudir a una camarera.
–Todos los días igual, querida señora, cada poco la misma escena. Venga, tranquila, es tarde, y ya es hora de ir a casa.
La anciana bajó la mirada avergonzada; cerró los ojos; tomó de la mesa su raído bolso  y avanzó cabizbaja arrastrando los pies entre las mesas del viejo Café, en dirección a la puerta. Una mujer joven, que había estado observando el incidente, se dirigió a ella con un libro en la mano creyendo reconocerla.
–Disculpe, señora, ¿no es usted..?
–No, no. No se engañe joven; no imagine ni se disculpe. No soy quien cree que soy ni quien, probablemente, fui algún día.

En la calle, desierta y oscura,  le esperaba su viejo, frío y fiel carro de supermercado.



20 abril 2013

32

Don Anselmo y Sancho


Con este microcuento "Don Anselmo y Sancho", participo en la propuesta del mes de abril (tema: "Caballeros") del blog "Esta noche te cuento". Es mi primera vez y no sé qué os parecerá el resultado.


Si os apetece conocer cómo veo yo este mundo de caballeros (modo towanda)  clikar AQ  y dejadme unas palabritas en la Villa organizadora. Agradecimientos por delante.


18 abril 2013

75

Recortando gastos






–¡Puta crisis!, cada vez todo más caro y con la mierda de pensión que te quedó no llegamos ni a mediados de mes –cada día, la misma retahíla de reproches por parte de la esposa.
–La culpa la tiene el gobierno –respondía con calma el anciano a la malhumorada mujer mientras podaba un bonsai.
–¿El gobierno? Mira que te dije que te reengancharas unos años más pero al señorito no le dio la gana; el señor ya había dado mucha vida a la empresa… ¡Vago, más que vago! Todo el día mirando el jardín y perdiendo el tiempo con las plantas… –volvía una y otra vez la esposa a meter el dedo en la yaga.– ¿Por qué te habré aguantado tantos años con la de pretendientes que me cortejaron?.. Tanto elegir para acabar con el peor.
–Paciencia, Pura, que de comer no nos va a faltar –hablaba el viejito mientras intentaba acariciarle el rostro.
–¿Comer? A partir de mañana se te acabaron carnes y pescados… No hay dinero para la compra de dos y, puesto que eres el más viejo, necesitarás menos para acabar antes… ¡Qué cruz de hombre, Señor, qué cruz!..

El día en que desapareció doña Pura cuentan que vieron al anciano, con visibles muestras de agotamiento, llevando una pequeña pala manchada de barro. Acababa de plantar unos bonitos rosales por encargo de su esposa.




 Este microcuento es mi aportación a la segunda jornada de la convocatoria "La primavera de microrrelatos indignados 2013". Si quieres participar, aquí tienes las bases.

 

 

13 abril 2013

80

Atunes freudianos




Cada noche, el mismo sueño recurrente con la muerte visitándole en forma de atún. No entendía el significado de tamaña locura, que incluso le divertía, y que achacó a que no digestionaba bien sus copiosas cenas. Dispuso aligerarlas y hacer algo más de ejercicio cruzando unos largos en su piscina cubierta antes de dormir. Lejos de desaparecer, las pesadillas se hicieron cada vez más frecuentes. Lo que en un principio le solazaba y era tema de conversación en los desayunos de trabajo, se convirtió en una verdadera angustia. Hombre hipocondríaco donde los hubiera creyó que esas imágenes podrían ser síntomas de algún mal, con lo que su desazón fue in crescendo. Se realizó un chequeo completo que descartó cualquier enfermedad, pero los sueños continuaban. Pensó que si no era nada físico, el problema debía hallarse en su mente. Desesperado, decidió acudir a un acreditado psiquiatra con el convencimiento de que las alucinaciones nocturnas eran producto de alguna terrible dolencia mental.
–¿Me estoy volviendo loco, doctor? Dígame la verdad...
–Nada más lejos de la realidad. Sus sueños son premoniciones de una larga vida; ¡vamos, que son de manual! –le tranquilizó el galeno. Ni enfermedad física ni mental. Lo que usted tiene es el don de poder soñar con atunes… Los famosos atunes freudianos como vaticinadores de vidas longevas. Le envidio, amigo, ¡ojalá yo los tuviera!
El hombre quedó mucho más tranquilo.
Se acostumbró a compartir las noches con protagonistas tan singulares hasta que un día despertó convertido en pez y no pudo hacer nada por llegar a coletazos hasta la piscina.

11 marzo 2013

107

Cansado ya de estar harto





«He tomado una decisión y es inapelable, inamovible, inevitable, ineludible y necesaria. Cuando den las cinco, las cuatro en Canarias, me marcharé de la que ha sido mi casa durante años, y nada ni nadie lo podrán impedir. Es tiempo de volar por mí mismo. Estoy más que harto de tanta norma estúpida y de tanta clausura. Hoy, por primera vez en mi mecánica existencia, tomaré las riendas de mi vida y será a las cinco de la tarde. ¿Por qué precisamente a las cinco? No es una elección arbitraria y tengo dos razones bien meditadas y de peso suficiente. La primera, por hacerlo poético; siempre me gustó Lorca y aún recuerdo el eco de los versos en el llanto amargo por Sánchez Mejías y la segunda, porque odio el olor del té desde que alcanzo a recordar.

Si por alguien lo voy a sentir es por Clarita, la pequeña de la casa, que siempre me observa con su carita embobada.

Cinco menos cuarto y estoy listo; en poco más de quince minutos me libero. Ya están todos preparados en el salón para tomar el té. ¡Cómo aborrezco ese olor! La maquinaria del tiempo ha comenzado ya su cuenta atrás…»






Cinco en punto de la tarde. El pajarito del reloj de cuco saltó de su casita lanzándose al vacío y estampándose brutalmente contra el suelo. En el salón, tras el estruendo inicial del golpe, bajaron de nuevo sus miradas a las tazas y prosiguieron tomando su té como si nada. “Ya comparemos otro, como te dije este viejo cuco daba problemas”. 

Entretanto, Clarita comenzaba a muequear un inicio de llanto.





 

18 febrero 2013

89

Mi Justi, o lo absurdo de llevar gabardina en junio





 A los hombres nos gusta alardear de nuestras conquistas; va en nuestra condición de machos. Mi nombre es Marcial y estoy felizmente casado con Justi. Tengo dos amigos, Julián y Paco, que son dos auténticos cabronazos... Pues no me han metido el gusanillo en el cuerpo de que le ponga los cuernos a la Justi, mi Justi, con lo que yo adoro a esa mujer. Mi primera novia; mi esposa fiel y la única protagonista femenina de todas mis fantasías. ¿Cómo voy a ser capaz de engañar a esta santa?
  
Tanto me han hablado de lo bueno que es tener una aventura para reforzar el matrimonio, que he terminado por claudicar. Llevo varios días buscando en la sección de contactos de cada periódico que va cayendo en mis manos, pero ningún anuncio me convence: “Altas, esbeltas, estudiantes, divorciadas, orientales, cuarentonas, domicilio propio…”. Quiero algo que no me complique la vida; un aquí te pillo, aquí te mato, y tan sólo para fortalecer el vínculo conyugal…



Esta mañana, por fin, un mensaje ha captado mi atención:

<<Vanesa. Casada e imaginativa. Sólo lo haré contigo una vez y después “si te he visto no me acuerdo” Apdo. de Correos 22122 de Madrid>>


Vanesa es, sin lugar a dudas, la candidata perfecta. Le he contestado con pluma y en papel y sobre verjurado porque, en el fondo, soy un sentimental:


<<Roberto. Soltero e independiente. Bien dotado. Acostumbro a ser líder en cualquier grupo. Prefiero que me respondas por e-mail; es más rápido  robertoveintidos@gmail.es  Que conste que veintidós no son mis años, jeje>>


Nos hemos mandado un par de e-mails y ya tenemos concertado el día y la hora para nuestra cita sexual. Estoy deseando quedar con Vanesa pero, más aún, con Julián y Paco. Hablar con los amigos es algo estupendo que tenemos los hombres. Se han quedado de una pieza cuando se lo he dicho y me he sentido, por primera vez, el puto amo.


–¿Cuándo será el gran día? –pregunta Julián.

–El viernes; Gran Vía esquina con Fuencarral –respondo orgulloso como un pavo real.

–Y ¿la Justi? ¿Qué milonga le vas a contar a la Justi? –continúa Paco.

–¡Bah! De compras con las amigas; no hay problema. ¡Pobre! –digo con una sonrisa picarona.



Vanesa lo ha previsto todo; se nota que es experta en estas lides y se reserva siempre los viernes -según me ha dicho- para sus escarceos. Dice que lleve gabardina y una rosa en la solapa. Lo de la rosa me parece muy poético, incluso romántico, pero lo de la gabardina y en el mes de junio va a resultar un tanto extraño y, como salga un día de calor, me puedo hasta derretir. Yo, por mi parte y como buen caballero que soy, me he encargado de reservar habitación en un hostal de la zona. Ella llevará el pelo recogido, traje de cuero y gafas de pasta rojas. En la solapa, un broche con unos labios encarnados a juego con las gafas. Sí que es original esta Vanesa… ¡Cómo controla cada detalle!


Llego pronto a la cita y, como un galán de cine con mi gabardina a lo Bogart, me enciendo un cigarrillo mientras me miro y remiro en los cristales de un pequeño comercio. A lo lejos veo abrirse paso entre la multitud a una diosa enfundada en un apretadísimo traje de cuero negro, con algo rojo en la solapa. Se acerca exuberante, marcando el paso a ritmo de mambo. Comienzo a recorrer su magnífico cuerpo con mis lascivos ojos. Después serán otras partes de mi anatomía las que lo hagan. Menudas piernas. Poderosas caderas y voluminosos pechos aprisionados entre los botones de la chaqueta… ¡Tranquilos muchachos que, en breve, os liberaré de tamaña opresión!


Trago saliva y no doy crédito a lo que tengo delante… Frente a mí, a menos de un metro de mi cara, y embutida en cuero, se acaba de materializar la Justi, mi Justi...

Hace calor… mucho, mucho calor y presiento que me voy a desmayar... ¡Pu** gabardina!




 




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